martes, 16 de octubre de 2012
¿QUÉ PASÓ EN ESTE PAÍS? (3)
La consternación fue general, por lo menos entre la familia y los amigos cercanos. La alegría de las banderas, gorras y franelas vinotinto y tricolor que llenó la calle 30 de Georgetown desde tempranas horas, enmudeció a las 10:15 p.m. de ese domingo 7 de Octubre, cuando Tibisay anunció los resultados preliminares. Nadie se lo esperaba: tal vez solo vimos nuestro lado, y nos olvidamos de que allá, en nuestra lejana Venezuela, existe un pueblo que sólo conoce un pequeño rincón del mundo, que sólo ha conocido y reconocido desde 1998 a una figura mítica, a un hombre que se parece a ellos, que habla y actúa como ellos, y que con su política de Pan y Circo, ha sabido mantenerse en el poder, muchas veces al borde del abismo, pero siempre triunfante y a veces aplastante. Tal vez fue eso lo que no pudimos apreciar: que existe una natural resistencia a los cambios drásticos, que es difícil renunciar a un ingreso mínimo si eso implica arriesgar tu menguado presupuesto, que es más fácil hacer una larga fila de 4-5 horas frente al Banco Industrial de Venezuela vestido con una franela roja, que doblar el lomo cinco días a la semana, y que siempre existirá una mayoría que, antes silenciosa y arrinconada, pero ahora de manera frontal y militante, defenderá sus intereses y privilegios económicos y de clase ante una minoría que solo ofrece optimismo, pluralidad, reconciliación, inversión, pero que no te garantiza un modus vivendi, aunque sea precario. Es preferible “un pájaro en mano, que cien volando”.
A más de una semana de las elecciones, todavía flota en el aire la sospecha de fraude, alimentada por diversos sectores de la oposición externa e interna. No parece existir para ellos otra explicación posible, que yo creo haber descubierto, y que se denomina polarización: desde mi perspectiva, no encuentro elementos de fraude masivo, pero si una marcada polarización que se refleja desde los resultados electorales en diversos centros, parroquias, municipios, ciudades y estados. Quien conoce a Venezuela, sabrá que en las ciudades principales, incluyendo al Distrito Capital, existen zonas privilegiadas, clase media y populares, que nunca será igual la tendencia entre los resultados que provienen del proceso electoral en una escuela básica o bolivariana en un barrio del Oeste capitalino, y los provenientes de un Colegio Privado situado en El Cafetal o Prados del Este, o entre la Zona Sur y la Zona Norte de Valencia, o entre la Zona Sur y la Zona Norte de Maracaibo, por nombrar solo tres ciudades. Después de varios días de análisis de los números publicados por el CNE, solo puedo llegar a esa conclusión: que mientras exista una mayoría poblacional dependiente del gobierno de turno, llámense funcionarios públicos, obreros, misioneros, milicianos, o simplemente oportunistas de oficio (me refiero a aquellos insignes patriotas a los cuales no les importa la orientación ideológica del régimen, sino los beneficios económicos provenientes del mismo), y mientras existan esas abismales diferencias de clase entre la población, marcadas incluso geográficamente, y alentadas desde el mismo gobierno, será imposible la reconciliación entre los venezolanos. Es simplemente un proceso de Lucha de Clases, que si bien y afortunadamente no ha resultado tan violento, igualmente ha dividido a nuestro país en dos porciones, casi iguales, que a la larga definirán en base a sus proporciones, potencialidad y poder de voto el destino del país. Ya no es una batalla ideológica: es simplemente cuestión de números, aquellos que todavía no convencen a ese 45 % de quienes, simplemente, no creemos en hegemonías ni en caudillos providenciales…
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